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Biden y sus primeros 100 días en la Casa Blanca

Esta noticia es propiedad de: El Tiempo

Este jueves se cumplen los primeros 100 días de Joe Biden en la Casa Blanca. Se trata de un número algo arbitrario, pero que lleva décadas siendo usado como un derrotero para tomarle el pulso al desempeño y prioridades de un líder estadounidense. Y Biden, por supuesto, no será la excepción.

Entre otras cosas porque él mismo se comprometió a cumplir con una serie de iniciativas que prometió materializar en este período.

Quizá lo más notable, según la profesora Julia Azari de Marquette University, es que con Biden regresó la normalidad a Washington. Al menos en comparación con los caóticos años de Donald Trump, en los que no pasaba una semana sin un escándalo.

“La polarización sigue siendo enorme y los republicanos le han planteado una oposición formidable desde el primer día. Pero el tono pausado de Biden y su aversión a la polémica le han devuelto al país un sentido de civilidad que parecía perdido”, dice Azari.

Sobre todo para una nación que hace poco más de tres meses vio cómo una turba de simpatizantes de Trump intentó tomarse el Capitolio para impedir su posesión. En ese sentido, el presidente se ha beneficiado por un contexto de crisis que ha comenzado a resolverse favorablemente.

Desde el primer día, Biden enfocó sus energías en la pandemia y la crisis económica que esta desató. Y lo hizo en dos frentes que han sido populares y que le han dado oxígeno a su mandato. De entrada, logró la aprobación en tiempo récord de un paquete de asistencia económica de US$ 1,9 billones que cayó como un bálsamo en el golpeado país.

Aunque los republicanos se opusieron, la medida abrió las compuertas del gasto federal a sectores muy necesitados. Muchas familias, que llevaban meses pasando trabajo, de repente recibieron en el correo un cheque de más de US$ 4.000. Y no hay nada que ponga al corazón más contento que una billetera llena. Al menos en la situación actual.

Paralelamente, la jornada de vacunación contra el covid-19 ha marchado viento en popa. Si bien Biden se había comprometido a aplicar más de 100 millones de dosis en estos primeros tres meses, terminó aplicando más de 200 millones, y ya casi 140 millones de personas, más del 40 por ciento del país, y 50 por ciento de la población adulta ya están vacunadas con al menos una inyección de las dos que son necesarias.

Aunque a Trump se le atribuye haber acelerado el proceso científico para desarrollar las vacunas, a Biden le tocó su implementación y está cosechando los frutos. La
combinación de ambas cosas, dice Azari, ha provocado alivio en una población traumatizada por más de un año de encierro y que finalmente está comenzado a ver luz al final del túnel.

Y es una situación que seguirá mejorando en la medida que la economía comience a recuperarse y la gente pueda regresar al estilo de vida que perdieron en estos 13 meses de pandemia.

Biden, además, ha puesto como su segunda gran prioridad otro paquete económico de US$ 2,3 billones enfocado a la recuperación de la infraestructura, pero que también tiene un componente de medioambiente y educación.

Si bien la oposición de los republicanos sigue siendo total, han comenzado a ceder, ofreciendo una contra propuesta inferior, pero que es vista como un arranque de negociaciones.

El problema para los republicanos es que se trata de otro paquete popular que cuenta hasta con el respaldo del mundo corporativo, que ha dado su visto bueno pese a que implica aumentos en las tasas tributarias.

Por lo menos así lo reconoció John Thune, número dos de los republicanos en el Senado: “Nuestro mensaje no es eficiente por que ellos están haciendo una gran cantidad de cosas que son populares. Gastar plata siempre es popular”, dijo.
Lo que no dice, y que también complica a la oposición, es que durante los años de Trump no tuvieron problema en abrir el chorro del gasto federal para financiar sus iniciativas.

Y los números en las encuestas reflejan muy bien el momento. Según la última del Pew Research Center (PRW), la popularidad de Biden se ubica en el 59 por ciento en estos tres meses que lleva en la Casa Blanca.

Sus cifras son inferiores a las de Barack Obama, que tenía un 61 por ciento en este mismo momento de su primer mandato, o el 67 por ciento de Ronald Reagan. Pero teniendo en cuenta lo polarizado que está el país, se trata de un porcentaje saludable. Y lo es más en algunas áreas que otras. Más del 72 por ciento respalda lo que viene haciendo para frenar la pandemia y otro 67 le dio su visto bueno al paquete de asistencia económica.

Para ponerlo en contexto, Trump, en sus primeros 100 días, no llegaba ni al 40 por ciento y jamás pudo superar el 50 por ciento de aprobación en sus cuatro años de oficina Oval. Por no hablar de su manejo de la pandemia, donde siempre se rajó.
Pero la misma encuesta ya comienza a perfilar lo que podría ser la piedra en el zapato de Biden y de por sí uno de los temas que más lo han complicado en este arranque: el migratorio.

Según el PRW, el 48 por ciento de los estadounidenses se muestran preocupados por la inmigración ilegal, un salto de 20 puntos si se compara con junio del 2020. En gran parte, se debe a la llegada de un número récord de indocumentados a la frontera pensando que Biden abriría las compuertas de la inmigración tras cuatro años de cierre con Trump.

El tema se ha convertido en una crisis pues no hay ni dónde ubicarlos. En particular, a los más de 18.000 menores no acompañados que arribaron en marzo y que Biden prometió no deportar.

El presidente, de hecho, ha tenido que dejar en el tintero muchas de sus promesas, entre ellas una expansión de los cupos para asilados y refugiados, temiendo el alto costo político.

Y aunque desde enero comenzó a mover una gran reforma migratoria para hacer frente a la interinidad en la que viven más de 12 millones de indocumentados y autorizó la permanencia en el país de los llamados dreamers (personas que llegaron al país de manera ilegal siendo muy jóvenes), pocos creen que podrá sacar adelante algo significativo.

Biden tiene un problema de origen, pues la mayoría de los demócratas en el Congreso es ínfima y es poco probable que sea suficiente para mover temas tan polémicos como el migratorio, el control a la venta de armas o la reforma policial. Según Azari, Biden está llegando rápido al techo de lo que pueda lograr en las actuales circunstancias.

En lo internacional, un frente que también se ha movido bastante, Biden ha tenido de cal y de arena.

El mandatario se estrenó reintegrando a EE. UU. en el acuerdo sobre cambio climático de París, que Trump abandonó en 2016, y cerró la faena esta semana con una cumbre sobre medioambiente con 40 líderes mundiales en la que no solo dejó claro que el tema seguirá alto en su agenda, sino que comprometió a su país a reducir entre el 50 y el 52 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero antes de 2030.

Una meta que es el doble de la que se había fijado Obama cuando ingresó al pacto que se firmó en Francia.

Rompió el molde, además, al anunciar el retiro total de tropas de Afganistán cuando se cumplen dos décadas de la participación de EE. UU. en este país. Una movida criticada hasta en su propio partido pues, si sale mal, podrían regresar al poder los talibanes y forzar una nueva aventura militar en el futuro.

Y regresó a la mano firme con Rusia, anunciando fuertes sanciones económicas y expulsión de diplomáticos en represalia por la intervención del Kremlin en las elecciones del 2020 –y 2016– y por el ciberataque contra entidades federales a comienzo de año.

Ayer también se convirtió en el primer presidente norteamericano en reconocer el genocidio armenio, lo que provocó rechazo del régimen turco de Erdogan.

Pero enfrente tiene aún otros retos que comenzaron a tomar forma en estos meses. En Oriente Próximo está en medio de una tensa situación tras el ataque contra una central nuclear en Irán que le atribuyen a Israel y al que Teherán respondió anunciando que comenzará a enriquecer el uranio a un nivel del 60 por ciento, lo que lo deja cerca de poder producir un arma nuclear.Eso justo cuando iniciaba acercamientos con el régimen para negociar un retorno de Washington al pacto firmado con otras potencias para poner en cintura el programa atómico de este país a cambio del levantamiento de sanciones económicas.

Corea del Norte, por su parte, comenzó a medirle el aceite al nuevo presidente haciendo pruebas con misiles balísticos de largo alcance que amenazan con desestabilizar el sureste asiático. Y con China, las aguas han comenzado a calentarse por el caso de Taiwán y la situación de DD. HH.

Biden dará un discurso el miércoles ante una sesión conjunta de Cámara y Senado, que es equivalente al discurso sobre el estado de la Unión que no pudo pronunciar en febrero, dada la crisis por la que atravesaba el país tras la sublevación de los trumpistas.

Ese día, probablemente, se conocerá más de su visión y proyectos para el resto del año. Pero ya con lo hecho, o por lo menos así lo piensa la mayoría, el presidente ha superado su primer examen.

Fuente: El Tiempo

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