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¿Cambiará Joe Biden el comercio internacional de EEUU?

Esta noticia es propiedad de: El Nuevo Herald

Desde 1948 el “General Agreement on Tariff and Trade” (GATT) intentó frenar los enfrentamientos comerciales derivados de las guerras, de manera que el intercambio comercial no fuera utilizado como un instrumento político. Con los años muchos factores han intervenido en este proceso y posiblemente veamos algunos cambios en esta materia, a raíz de la ascensión al poder del presidente Joe Biden.

El comercio desde tiempos remotos ha sido utilizado como una forma de presión para lograr objetivos políticos. Sin embargo, en ocasiones estas medidas terminan siendo funestas y perjudiciales. Por ejemplo, se dice que el embargo petrolero de EEUU a Japón desató el ataque a Pearl Harbour.

Varios organismos se han creado y diferentes acuerdos multilaterales han nacido para establecer normas que rijan el comercio internacional. No obstante, esto igualmente ha tenido sus consecuencias.

Debido a que existe un sistema de sanciones, adicional a las multas, los países que se sientan perjudicados pueden tomar represalias, como el reciente caso ocurrido cuando la Unión Europea subsidió excesivamente a la línea aérea Airbus en perjuicio evidente de la firma norteamericana Boeing. EEUU reaccionó elevando los aranceles al Champagne Francés, lo que terminó por subir el precio de este licor en el país y de los aviones que se negociaron. Como vemos, algunas acciones más bien resultan contraproducentes a la economía nacional.

El GATT contemplaba que se podía establecer un embargo de productos solo si el Estado indiciado mostraba una forma agresiva y violenta. Con objeto de establecer normas adicionales que regularan el complejo mundo comercial, en 1995 surge la Organización Mundial de Comercio (OMC).

Paradójicamente, la OMC encuentra su primer obstáculo cuando el éxito alcanzado en el comercio de mercaderías no incluía a los productos agrícolas, debido principalmente a la baja incidencia de este sector en el producto interno bruto (PIB) de las grandes potencias. Esto, desde luego, no generaba interés político y de allí su falta de acción en este caso.

Es así que surge la Ronda de Doha, conocida como la “Ronda de Desarrollo”, donde los países en vía de desarrollo tendrían aranceles inferiores para negociar con los países industrializados.

La entrada de China a la OMC en el 2001 marcó un hito que aún hoy es considerado fundamental. Allí sucedieron dos fenómenos; China es el primer país que se integra como “emergente” sin tener problemas en su balanza de pagos, como sí tuvieron México, Corea y Japón, por ejemplo. También China resulta ser un país comunista que se integra a la OMC con una estrategia a largo plazo que no tenemos los países democráticos, donde cada cierto tiempo cambiamos al gobierno y a la política.

El caso chino resulta de particular importancia debido a que ese país ingresa a la OMC con una participación de un 4.3% en el PIB mundial, pero en el año 2020 alcanza un 16% en ese mismo renglón.

Aún así, China sigue insistiendo en su carácter de país “emergente”, o sea, en vías de desarrollo, para así continuar disfrutando de los beneficios que ello conlleva. Sucede que lo que China ha hecho es trastornar el mercado mundial de salarios y el movimiento internacional de mercancías. Realmente hay más de 1,400 millones de personas que están trabajando bajo estándares que no tenemos en EEUU.

Muchos dicen que el criterio de frustración chino es porque al perder la primera revolución industrial se retrasaron más de 100 años. Ahora pretenden ganar la actual cuarta revolución industrial y es por ello que bajo la dirección del Partido Comunista quieren desarrollar tecnología propia y ocultarla a Occidente, a la vez que continúan con su mecanismo de apoderarse ilegalmente de propiedad intelectual.

La interrogante que sin duda enfrentará la administración de Joe Biden será entre seguir con una política proteccionista o continuar con un proceso de expansión tecnológica aumentando la comercialización de servicios y los trabajos online.

Aquellos que no estuvieron de acuerdo con la globalización, como los británicos con su Brexit, cuando salieron de la Unión Europea enfrentaron su error. Por eso muy probablemente veamos al gobierno de Biden volviendo a integrar el Acuerdo Transpacífico (TPP), del cual Donald Trump retiró a EEUU durante su gestión. La economía crecerá entonces por la vía del aumento de los horizontes de exportación, algo sobre lo que hemos insistido en varias oportunidades.

En todo caso pudieran existir dos bloques bien definidos. Por un lado el Reino Unido y Canadá, y por el otro China y su círculo. Europa por su parte, estará con EEUU, evidentemente observando la seguridad que le confiere la OTAN.

Fuente: El Nuevo Herald

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