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Cannabis medicinal impulsaría recuperación económica tras la pandemia

Esta noticia es propiedad del tiempo El Tiempo

 

A cuatro años de la regulación, el país tiene casi 1.000 licencias de producción

Este 6 de julio se cumplen 4 años de la ley 1787, la cual reguló el cannabis medicinal y
científico en Colombia. 
Esta norma  nació como una opción de tratamiento y como una industria con gran oportunidad económica, en un mercado global estimado para 2025 en 166.000 millones de dólares (más de 600 billones de pesos, equivalente a una sexta parte de la economía nacional, cuyo PIB se calcula en 1.000 billones), según la medición Euromonitor International de febrero de 2019.

Aunque la industria aún no ha despegado en esas proporciones y el coronavirus ha frenado procesos, el balance que hacen desde varios sectores es positivo, más aún teniendo en cuenta que la ley fue reglamentada hasta 2017 con el decreto 613, que sentó las bases para que Colombia tenga hoy más de 970 licencias de cannabis y un cupo de producción de 56 toneladas al año, el segundo país con mayor autorización de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (Jife).

Además, entre mayo y junio de este año Colombia hizo 6 exportaciones comerciales de semillas de cannabis por un total de 29’100.000 semillas, que suman más de media
tonelada de producto que llegó a Denver, Estados Unidos; y desde 2019, en envíos más
pequeños, algunas empresas ya estaban llevando productos derivados a mercados como el de Reino Unido. La industria llamó la atención hasta del sector público y en el Plan de Desarrollo de Antioquia 2020-2023 quedó consignada la posibilidad de que ese departamento, como ente territorial, incursione en el negocio.

Y ahora que el país enfrenta una crisis económica por la covid-19, el Gobierno puso más esperanzas en la industria. Hace un mes, al presentar el MICC –plataforma que virtualiza los trámites de licencias de cannabis–, la ministra de Justicia, Margarita Cabello, dijo: “Estoy convencida de que este sector será fundamental en el proceso de reconstrucción económica al que se verá abocado el país como consecuencia de la pandemia”.

En entrevista con EL TIEMPO, Cabello agregó que, según expertos, el país “podría llegar a ser una potencia farmacéutica en cannabis, superando las exportaciones del cacao, del caucho y las manufacturas”, y añadió que además de la proyección del mercado global, se estima que para 2030 el sector farmacéutico en Colombia genere 33,3 billones de pesos, de los cuales un 3,29 por ciento (más de 1 billón) corresponderá a cannabis medicinal.

Incluso, en diciembre del 2019 Fedesarrollo publicó un informe sobre la perspectiva del
negocio en Colombia, que estima que a 2025 esta industria estaría generando ingresos por exportaciones de entre 865 y 1.038 millones de dólares (entre 3 y casi 4 billones de pesos), pero habrá que ver cómo afecta esto la pandemia

Este 6 de julio se cumplen 4 años de la ley 1787, la cual reguló el cannabis medicinal y
científico en Colombia. 
Esta norma  nació como una opción de tratamiento y como una industria con gran oportunidad económica, en un mercado global estimado para 2025 en 166.000 millones de dólares (más de 600 billones de pesos, equivalente a una sexta parte de la economía nacional, cuyo PIB se calcula en 1.000 billones), según la medición Euromonitor International de febrero de 2019.

Aunque la industria aún no ha despegado en esas proporciones y el coronavirus ha frenado procesos, el balance que hacen desde varios sectores es positivo, más aún teniendo en cuenta que la ley fue reglamentada hasta 2017 con el decreto 613, que sentó las bases para que Colombia tenga hoy más de 970 licencias de cannabis y un cupo de producción de 56 toneladas al año, el segundo país con mayor autorización de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (Jife).

Además, entre mayo y junio de este año Colombia hizo 6 exportaciones comerciales de semillas de cannabis por un total de 29’100.000 semillas, que suman más de media
tonelada de producto que llegó a Denver, Estados Unidos; y desde 2019, en envíos más
pequeños, algunas empresas ya estaban llevando productos derivados a mercados como el de Reino Unido. La industria llamó la atención hasta del sector público y en el Plan de Desarrollo de Antioquia 2020-2023 quedó consignada la posibilidad de que ese departamento, como ente territorial, incursione en el negocio.


Y ahora que el país enfrenta una crisis económica por la covid-19, el Gobierno puso más esperanzas en la industria. Hace un mes, al presentar el MICC –plataforma que virtualiza los trámites de licencias de cannabis–, la ministra de Justicia, Margarita Cabello, dijo: “Estoy convencida de que este sector será fundamental en el proceso de reconstrucción económica al que se verá abocado el país como consecuencia de la pandemia”.

Estoy convencida de que este sector será fundamental en el proceso de reconstrucción económica al que se verá abocado el país como consecuencia de la pandemia

En entrevista con EL TIEMPO, Cabello agregó que, según expertos, el país “podría llegar a ser una potencia farmacéutica en cannabis, superando las exportaciones del cacao, del caucho y las manufacturas”, y añadió que además de la proyección del mercado global, se estima que para 2030 el sector farmacéutico en Colombia genere 33,3 billones de pesos, de los cuales un 3,29 por ciento (más de 1 billón) corresponderá a cannabis medicinal.

Incluso, en diciembre del 2019 Fedesarrollo publicó un informe sobre la perspectiva del
negocio en Colombia, que estima que a 2025 esta industria estaría generando ingresos por exportaciones de entre 865 y 1.038 millones de dólares (entre 3 y casi 4 billones de pesos), pero habrá que ver cómo afecta esto la pandemia.

Cannabis medicinal

Cifras de marihuana medicinal.

Foto:

Infografía / EL TIEMPO

Los retos que quedan

Rodrigo Arcila, presidente de la Asociación Colombiana de Industrias del Cannabis
(Asocolcanna), valoró como muy positivos estos primeros cuatro años, dijo que muchas
empresas han podido desarrollarse, pero expresó que la industria está frente a un punto crítico primero por la regulación que, considera, debe generar mayor competitividad con menos burocracia, la necesidad de ampliar el portafolio de productos que se pueden manejar y, especialmente, por el poco apoyo del sector financiero local.

“Si las cosas no mejoran, si las instituciones no acatan la manifestación del alto gobierno para un apoyo decidido a la industria, la situación será demasiado grave para muchas empresas y no será una esperanza de recuperación como estaba inicialmente en nuestras cuentas y en las del mundo entero”, sentenció.

Esta visión la comparte Juan Diego Álvarez, vicepresidente de asuntos regulatorios de
Khiron, una empresa del sector, quien dijo que aunque el cannabis medicinal tiene todo el potencial para ser uno de los motores económicos del país, la interpretación restrictiva de las normas por parte de algunas entidades ha impedido que la industria termine de consolidarse y llegue a todo su potencial.

Diana Valenzuela, directora jurídica de Anandamida Gardens, también consideró que el riesgo de sobreregulación es una barrera para la industria, y que instituciones como el Invima deben trabajar por permitir cada vez más productos para los pacientes, “no puede ser que muchos productos de esta industria sea más fácil exportarlos que usarlos aquí”, expresó.
Y David Gordon, director corporativo de Pharmacielo, consideró que Colombia tiene una posibilidad muy real de ser el líder global de la industria, pero dijo que este mercado global se mueve muy rápido, “si eres demasiado cauto y reacio en cuanto a regulación puedes verte en la posición de que la oportunidad haya pasado. No podemos darnos el lujo de tener una aproximación lenta, tenemos que enfocar la energía en movernos rápido, sin dejar atrás el cuidado”, afirmó.

Sobre los cambios regulatorio, el Ministerio de Justicia trabaja en la modificación del
Decreto 613,
 y según la ministra Cabello, se espera que en el segundo semestre del 2020
pueda entrar en vigor el nuevo decreto. Entre las modificaciones que traerá la nueva norma está que no serán fiscalizados los derivados de cannabis con menos de 0,2 por ciento de THC -componente psicoactivo de la planta-, que se podrán vender fórmulas magistrales en establecimientos farmacéuticos, droguerías y farmacias autorizadas, y que el 10 por ciento del cannabis de las grandes empresas debe ser adquirido de pequeños y medianos cultivadores.

La Ministra añadió que también ve como retos desarrollar, en el mediano plazo, reglas
claras para la elaboración de alimentos a base de semillas, cannabis y derivados; lograr una regulación para el cáñamo, y explorar el mercado medicinal y alimenticio en productos veterinarios así como la racionalización de trámites.

Mejorar acceso para los pacientes

El Gobierno ha venido acelerando sus procesos. Entre junio del 2019 y mayo del 2020, el Ministerio de Justicia triplicó el número de licencias concedidas, pasando de 238 a 742, y desde marzo de este año, el Ministerio de Salud autorizó la venta de preparaciones magistrales de cannabis, que permiten recetar fórmulas específicas para cada paciente.

A junio de este año, el Invima había certificado a 98 establecimientos en buenas prácticas de manufactura de medicamentos y a 39 en buenas prácticas de manufactura para la fabricación de productos fitoterapéuticos, que les permite elaborar productos a base de cannabis siempre que tengan autorizadas las formas farmacéuticas requeridas para la aprobación del registro sanitario. Además, el Invima ha emitido 14 certificaciones de exportación para productos terminados con derivados de cannabis.

Ya hay 2 medicamentos con registro sanitario y hay un laboratorio certificado en Buenas Prácticas de Elaboración (BPE) que puede hacer fórmulas magistrales para pacientes.

Pero para el exsenador Juan Manuel Galán, autor de la ley que reguló el cannabis
medicinal, falta más trabajo enfocado en pacientes. “El espíritu original de la ley son los pacientes, que tengan acceso a una sustancia segura, de buena calidad y precio regulado”, comentó, y añadió que es necesario desarrollar más el mercado interno y la investigación científica que permita recopilar evidencia local sobre los múltiples usos de tratamiento del cannabis medicinal.

Fuente: El Tiempo

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