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China apela al multilateralismo esperando cambio de EU

Esta noticia es propiedad de: El Nuevo Siglo

El escenario, la situación y  el momento  no pudieron ser más que oportunos para que China presentara al mundo un impensable viraje en su discurso: multilateralismo y la cooperación internacional. Veamos por qué.

1. La ventana para el pronunciamiento fue el Foro Económico Mundial, que por primera vez se realiza por videoconferencia, aunque tiene previsto en mayo realizar el encuentro presencial en Singapur, la ciudad-estado considerada segura desde el punto de vista sanitario.

Con el mandatario de Estados Unidos, Joe Biden, ausente de la importante cita de la élite política y económica, el presidente chino Xi Jinping  tuvo la oportunidad de erigirse en figura y con su discurso abogando por el multilateralismo y la globalización como las únicas vías para que el mundo supere los inmediatos desafíos como son la reactivación y crecimiento de las economías y la crisis sanitaria por el covid-19, el virus que nació en su país.

Consciente de que no solo sus palabras sino de la de todos los intervinientes en el Foro conllevan un mensaje claro al nuevo inquilino de la Casa Blanca, Xi Jinping advirtió del inminente peligro de una nueva ‘Guerra Fría’ y bajo dicho argumento instó a “trabajar juntos en la resolución de las grandes asignaturas pendientes a nivel global”.

Acápites del discurso que pueden considerarse de cajón, en esta ocasión no podrían considerarse como tal por su procedencia y contundente mensaje con destinatario específico: el nuevo gobierno norteamericano ya que el gigante asiático vio limitado su accionar geopolítico y comercial en los cuatro años de presidencia del republicano Donald Trump.

Un mundo dividido no es capaz de afrontar a los retos comunes de la humanidad, y la confrontación solo conduce a un callejón sin salida… los desafíos globales de la humanidad  ningún país puede resolverlos individualmente… se necesita coordinación de las políticas macroeconómicas para impulsar un crecimiento vigoroso, sostenible e inclusivo, así como la defensa de un comercio internacional abierto y sin barreras… desechar prejuicios ideológicos para coexistir de forma pacífica y en beneficio mutuo”, fueron algunas de las frases de su discurso y un velado llamado a que Washington cambie su política.

Y fue más allá al argumentar, que a  pesar de que los países han lanzado medidas de rescate valoradas en billones de dólares, la recuperación económica mundial sigue siendo muy inestable e incierta. "Tenemos que pensar en el futuro, promover decididamente la remodelación, la reestructuración y la renovación de fuerzas motrices de la economía mundial, y encarrilarla en la vía de desarrollo sano, estable y de largo plazo".

Jinping agregó que ello solo será posible con una economía mundial abierta en la que haya un sistema multilateral de comercio,  “en lugar de la supremacía y el egoísmo hay que desechar conceptos anacrónicos como la mentalidad de la guerra fría”.

Y en esta visión económica, siguiendo la hoja de ruta que implementó China años atrás enfatizó en que “el  multilateralismo selectivo no debe ser la opción para ninguno de nosotros".

Más allá de las palabras, este llamado a un comercio sin barreras es para consolidar el vertiginoso ascenso que tiene Asia, especialmente China, la única economía que logró crecer en el atípico 2020, un 2.3%, así como acrecentar su influencia y peso en la geopolítica global.

Un reciente informe de la ONU indicó que el gigante asiático se convirtió el año pasado en el primer destino mundial de la inversión extranjera directa, superando a Estados Unidos, mientras que en desarrollo de la Inteligencia Artificial (IA), el protagonista del desarrollo en el siglo XXI se ubica por detrás de Norteamérica pero creciendo a pasos agigantados, según un estudio de la Fundación sobre Tecnología de la Información e Innovación.

Y para demostrarlo solo un dato: el año pasado la nación asiática tenía más supercomputadoras que ningún otro país, un total de 214 de las 500 que existen en el mundo contra 113 de Estados Unidos y 91 de la Unión Europea.

2. El llamado de Jinping se da en medio de situaciones claves -aparte de las reiteradas denuncias de violaciones a los derechos humanos del régimen comunista-  que han tenido a China en el ojo del hucarán: la pandemia del covid-19 que ha afectado a 100 millones de personas y cobrado la vida de más de 2.169.000, cuyo origen continúa en el misterio y la represión contra los musulmanes uigures así como otras minorías étnicas que fueron señaladas por al anterior administración norteamericana como ‘crímenes de lesa humanidad’.

A un año de que informara de la extraña neumonía atípica a la Organización Mundial de la Salud, a la cual habría influenciado para que no informará inmediatamente al mundo, (lo que generó una inédita crisis de confianza en la rectora mundial de la salud)  una comisión de expertos pudo finalmente llegar a Wuhan, la cuna del virus, para intentar establecer su origen, desarrollo y otros vectores claves.

Jinping se refirió escuetamente  a este tema en su discurso al señalar  que “seguirá una estrategia de apertura orientada al beneficio mutuo y que la ‘desglobalización’ bajo el pretexto de la pandemia no corresponde a los intereses de ninguna de las partes, por lo que no habrá alteraciones en la política del gigante asiático de apertura al exterior”. Y solo agregó que ante el alto riesgo de que vuelvan a producirse emergencias de salud pública como ésta, “urge reforzar la gobernanza global”.

Entre tanto, la cuestión uigur es uno de los muchos puntos de fricción entre Pekín y Washington, al igual que el coronavirus, Hong Kong y Taiwán. Según expertos extranjeros, más de un millón de uigures están o han estado detenidos en campos de reeducación política de Xinjiang, región colocada bajo estrecha vigilancia policial. Sin embargo China asegura que son  centros de formación profesional destinados a brindarles un empleo y  alejarlos del extremismo tras una serie de atentados mortíferos atribuidos a separatistas e islamistas musulmanes.

Antes del cambio de administración en Estados Unidos, el secretario de Estado Mike Pompeo advirtió: “si se permite al Partido Comunista chino cometer genocidio y crímenes de lesa humanidad contra su propio pueblo, solo se puede imaginar lo que tendrá el valor de hacer al mundo libre en un futuro no muy lejano".

3. Con su llamado al multilateralismo y cooperación internacional, el presidente chino busca aprovechar la presidencia demócrata de Biden, quien hizo un pronunciamiento similar en su discurso de posesión. Y aunque este último mandatario ha firmado varias órdenes ejecutivas revirtiendo algunas decisiones de su antecesor, como retornar a la OMS, al acuerdo climático de París, levantar las restricciones de viaje para algunos países y admitir que las personas transgénero sirvan en las Fuerzas Armadas, no ha delineado los considerados temas grandes y claves de su política exterior, entre otros,  la relación con China, el acuerdo nuclear, la OTAN y Venezuela.

Sin embargo, su confirmado secretario de Estado, Antony Blinken se anticipó a lo que será la política exterior de Biden, donde no es que tenga poco margen de acción, sino que las decisiones de su antecesor, fueron las indicadas. Inclusive el alto funcionario manifestó en el Senado que “Trump tenía razón al adoptar un enfoque más duro hacia China", que Irán fue el que incumplió el acuerdo nuclear denunciado, que se mantendrá  la embajada de Estados Unidos en Israel en Jerusalén y que, el venezolano Nicolás Maduro es un “brutal dictador” por lo que el gobierno seguirá reconociendo al líder opositor Juan Guaidó como la autoridad legítima de ese país.

Fuente: El Nuevo Siglo

 

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