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Dos visiones del acuerdo entre Israel y los Emiratos Árabes

Esta noticia es propiedad de El Espectador

 

La semana pasada se anunció la normalización de las relaciones entre Israel y los Emiratos Árabes, lo que supone un punto de inflexión en el deshielo de las relaciones del Estado hebreo con países del Golfo. Israel celebra el acuerdo calificado como histórico, mientras que desde Palestina aseguran que este acuerdo matará la solución de dos Estados y elimina la posibilidad de una paz israelo-palestina.

Marcos Peckel*

En noviembre 19 de 1977 un avión de la fuerza aérea egipcia aterrizaba en el aeropuerto de LOD Israel, de su interior descendía saludando a la multitud el presidente egipcio Anuar Sadat quien fue recibido al pie de la escalerilla por toda la élite del Estado de Israel. Meses después se firmaba el primer acuerdo de paz entre el estado judío y un país árabe.

Con el valiente gesto del presidente egipcio, que a la postre le costó su vida asesinado por yihadistas en una parada militar, y la visión y pragmatismo del primer ministro de Israel Menájem Begin, se hizo historia. Dos Estados en guerra durante 30 años elegían la senda de la paz, gracias a sus líderes que asieron el momento y no lo dejaron ir.

La misma ilusión surgía el 13 de septiembre de 1993 cuando Arafat y Rabin estrechaban sus manos en la Casa Blanca anunciando al mundo el comienzo del fin del conflicto palestino-israelí tras años de negociaciones secretas en Oslo. Sin embargo, en la cumbre de Camp David de julio de 2000 cuando debía germinar el fruto final del proceso de Oslo, la paz definitiva y final entre los dos pueblos, Yasser Arafat el histórico líder palestino lo dejó ir, no quiso hacer la paz de los valientes, recurrió a la violencia para “sacar alguito más”, perdió la oportunidad y de su longevo liderazgo no quedó nada.

Octubre 26 de 1994. El Rey Hussein de Jordania e Isaac Rabin primer ministro de Israel firmaban la paz entre los dos Estados vecinos que se habían enfrentado en dos guerras. Llegaba el momento y no se le dejó escapar.

Agosto 13 de 2020. Otro evento de esos que hacen historia, otra paz de los valientes. Israel y los Emiratos Árabes, con la mediación de Estados Unidos firman el “Acuerdo de Abraham”, proclamando una nueva era en el medio oriente. Lo que ocurrió es, en palabras del presidente Trump, “enorme”, un cambio cualitativo en una región de la que usualmente solo llegan malas noticias.

Los Emiratos Árabes Unidos, de la mano de su riqueza petrolera, se han transformado en las últimas décadas en un titan regional, eje de avances tecnológicos, centro logístico y aeronáutico que une oriente con occidente y sus dos grandes ciudades, Dubái y Abu Dhabi, convertidos en magnetos de atracción de capital financiero y humano. Israel, la potencia tecnológica, científica y militar de la región. Tras años de contactos en diversos ámbitos, se formaliza la relación entre los dos países, abriendo de par en par la puerta para que otros Estados árabes se unan a esa marcha por la paz y el progreso y avancen juntos hacia un futuro que entierre ese pasado de hostilidad y guerras.

No sorprende la virulenta reacción de Irán rechazando el acuerdo de Abraham. Mientras el pueblo iraní sufre, sus líderes están dedicados a fomentar el terrorismo y la inestabilidad regional. La paz no es lo suyo.

¿ Y los palestinos qué? Una vez más, como varias en el pasado, tienen la oportunidad de montarse en el tren de la paz y la convivencia, máxime cuando el acuerdo entre Israel y los Emiratos estipula claramente que no habrá anexión de territorio alguno de Cisjordania por parte de Israel. El plan de paz de Trump no es perfecto, pero es lo único que hay sobre la mesa y puede ser el comienzo de una negociación en el nuevo entorno geopolítico creado en la región. Las primeras señales emitidas desde Ramala no auguran cambio alguno en el negacionismo y permanente rechazo palestino a cuanta apertura aparece para facilitar un proceso de paz. El balón esta en su campo y será su liderazgo el que decida qué hacer con él; jugar hacia adelante y ganar o jugar hacia atrás y seguir perdiendo.

Según las narrativas judía y musulmana, el profeta Abraham o Ibrahim fue enviado por Dios a sacrificar a sus hijos Isaac e Ismael y en ambas ocasiones los hijos fueron salvados por el ángel Gabriel. Abraham fue valiente en su fe. Israel y Emiratos inauguran una nueva era en la región que hace 3700 años vio nacer al padre de las religiones monoteístas.

Fuente: El Espectador

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