fbpx

Francia y Alemania tienen prisa por volver a crecer como EE.UU. y China

Esta noticia es propiedad de: La Vaguardia

Francia y Alemania se mostraron ayer impacientes por la llegada efectiva de las ayudas europeas que permita superar la crisis de la covid, transformar de modo duradero sus economías y evitar la dependencia tecnológica de Estados Unidos y China. Los ministros Bruno Le Maire y Olaf Scholz, en un estudiado ejercicio de sintonía bilateral, ofrecieron una conferencia de prensa conjunta, virtual –uno en París y el otro en Berlín–, para presentar sus respectivos planes de recuperación y lanzar un mensaje claro a sus opiniones públicas y a sus socios en la UE.

Los máximos responsables económicos de las dos principales potencias europeas coincidieron en que la UE debe salir reforzada de esta crisis porque se trata de una oportunidad sin precedentes, hay un amplio consenso político y se están usando recursos como nunca. Volver simplemente a la situación previa a la pandemia no tiene sentido. Se impone ser más ambiciosos. Le Maire constató, sin embargo, que “fuimos muy eficientes en las decisiones” –al diseñar el plan de recuperación–, “pero hemos perdido demasiado tiempo”. Según el ministro francés, los países tienen que presentar cuanto antes sus planes para que la Comisión los analice con celeridad y el Consejo Europeo les dé luz verde. El dinero debe comenzar a fluir en septiembre, a más tardar.

El temor de franceses y alemanes es que los retrasos agranden el desfase ya existente con Estados Unidos , “que vive un boom ”, según expresión de Le Maire, y respecto a China, que vuelve a crecer con fuerza. La inyección masiva de fondos para la transición ecológica y digital tiene por objetivo preservar la soberanía tecnológica europea. “El futuro de la UE no puede basarse en la dependencia”, insistió Le Maire. Eso significaría “desaparecer”.

La comparecencia conjunta fue también una ceremonia de autocelebración por la tarea realizada por los dos ministros en un año extraordinariamente difícil. “El motor francoalemán funciona muy bien”, se congratuló Scholz. El
ministro alemán admitió que las opiniones de sus gobiernos no siempre han coincidido, sin que eso impidiera acreditar una y otra vez “la capacidad de construir consensos”.

Los ministros se esforzaron en construir un relato común europeo. Cada ministro habló, además, en clave nacional. Se expresaron casi siempre en inglés, con segmentos en francés y en alemán. Le Maire exhibió su buen conocimiento de la lengua de Goethe y Scholz también usó brevemente el francés, por cortesía.

Sabedor de que el endeudamiento común –una primicia en la UE– no es una solución popular en su país, Scholz repitió el mantra de que “Alemania solo tendrá éxito si Europa también tiene éxito”, y que su prosperidad depende de la de sus socios, por lo que el ejercicio de solidaridad es la opción más inteligente y la única que puede tomarse.

Hubo varios momentos delicados porque algunas preguntas de los periodistas no fueron fáciles. A Scholz le interrogaron por las diferencias sustanciales en el volumen de deuda de Alemania y el de Francia, y por el ritmo más lento previsto por los franceses para reducirla. El ministro alemán eludió por completo la controversia. Le Maire se lo agradeció. Dijo que su homólogo era muy diplomático y, entre risas, que, además de responsable económico debería ser también ministro de Asuntos Exteriores.

Un veterano corresponsal alemán en París, escéptico con la presentación y el exceso de retórica, le preguntó a Le Maire donde estaba el beef (la chicha) de su plan, si no se había limitado a reciclar viejas iniciativas. El ministro francés bromeó diciendo que un exceso de beef , de carne de vacuno, es perjudicial para la salud, aunque matizó que no es vegetariano.

Más allá del humor, la revolución tecnológica contra la emergencia climática fue abordada con detalle. Alemania dedicará un 40% del dinero recibido a proyectos de movilidad sostenibles, inversión en motores de hidrógeno y renovación de edificios para ahorrar energía. Berlín mantiene el objetivo de alcanzar, en el 2050, un balance neutro en carbono. Le Maire explicó planes similares en Francia y dio algunas cifras interesantes. Por ejemplo, ya se han presentado 230.000 peticiones para adaptar los edificios a los parámetros de aislamiento y bajo consumo energético. En el 2030 se debe llegar a un recorte del 55% en los gases que provocan el calentamiento global.

Le Maire dedicó tiempo a confirmar que, pese a la delicada coyuntura, Francia proseguirá su agenda reformista. Mencionó la del seguro de desempleo, que está en trámite parlamentario, y también la de las pensiones, un proyecto de alto riesgo político y social, que hubo de ser aparcado al estallar la pandemia. El ministro consideró “indispensable” cambiar el sistema de jubilaciones. Aún no está claro cómo podrá hacerse en el año escaso que queda de presidencia de Emmanuel Macron. Si se presenta a la reelección, en la primavera del 2022, el jefe de Estado no querrá ser juzgado solo por su gestión de la pandemia –plan de recuperación incluido– sino por el cumplimiento de su promesa del 2017 de atreverse a realizar cambios profundos para modernizar Francia.

Fuente: La Vaguardia

Noticias Externas

Noticias Internas