fbpx

Quien contamina paga (y mucho): el coste del CO2 se dispara a niveles récord y amenaza la recuperación

Esta noticia es propiedad de: Sostenibles

Los derechos de emisión alcanzan los 50 euros por tonelada en plena carrera climática en la UE y ante el aumento de la especulación en el mercado.

El principio de quien contamina paga se abre camino de manera apresurada en Europa y ha pillado con el pie cambiado a millones de empresas y hogares. En solo un año, el coste de los derechos de emisión por tonelada de CO2 se ha duplicado al pasar de los 20 euros a los que cotizaba en mayo de 2020 al récord histórico de 50 euros alcanzado ayer. Este incremento ha tenido ya un primer reflejo sobre el recibo de la luz -que cerró abril en su nivel más caro de los últimos 31 meses- y la competitividad de la industria, que necesita incorporar estos derechos en sus procesos productivos. ¿Pero por qué este rápido encarecimiento del CO2 y cuál es su techo?

Hay dos factores detrás de esta burbuja: una base política que persigue un mundo cada vez menos contaminante y un alto componente especulativo que acaba distorsionando los precios. El primero es fruto de la ambición climática de la Unión Europea para que los países reduzcan sus emisiones contaminantes antes de 2030, tal y como figura en el Acuerdo de París. Este objetivo reduce año a año ‘los derechos por contaminar’ otorgados a las distintas empresas para favorecer una transición limpia de su negocio sin perder competitividad frente a otros grandes mercados como EEUU o Asia. El problema para muchas de ellas es que, si no reducen sus emisiones al ritmo marcado, necesitan comprar estos derechos en subastas realizadas por Bruselas o adquirirlos en el mercado secundario a un precio que no para de incrementarse.

El segundo componente tras la burbuja del CO2 es puramente especulativo y coincide con la entrada de bancos y fondos de inversión a este lucrativo mercado. "Entre un 70% u 80% de los derechos subastados cada día son adquiridos por agentes financieros que confían en su revalorización", explica Ismael Romeo, consejero delegado de Sendeco2, empresa dedicada a la compraventa de derechos de emisión por cuenta propia y al asesoramiento técnico y administrativo de clientes industriales. Si a esto se añade el abundante nivel de liquidez actual por las políticas monetarias expansivas puestas en marcha por los bancos centrales como respuesta al coronavirus y la búsqueda de alternativas de inversión que sirvan de refugio en pleno temporal económico, el lío está garantizado.

El resultado es que el precio del CO2 en lo que va de año es de 39,52 euros por tonelada, un 59% más caro que en la media de 2020. Y la brecha no acaba de crecer, ya que en las últimas pujas el coste ha rozado ya los 50 euros. Este encarecimiento tiene un claro impacto en el día a día de hogares y empresas.

El primer reflejo se produce a través del encarecimiento de los recibos eléctrico y de gas. Gran parte de la luz que consumen los hogares está vinculada a fuentes de generación con emisiones como las centrales térmicas de gas, que acaban trasladando este coste al precio del mercado mayorista. El resto de fuentes ‘limpias’ se acaban beneficiando de este incremento ya que, al tratarse de un mercado marginalista, todos los agentes cobran el precio de la oferta más cara que logra ser casada. "Cada euro que suba el coste de CO2 veremos subir el precio de la electricidad en 0,3-0,5 euros por megavatio hora. Muy pronto, si no está ocurriendo ya, el de las emisiones será el principal coste de una central térmica europea, más elevado que incluso la propia materia prima (gas o carbón)", destaca Juan Carlos Martínez, analista de mercados energéticos de Grupo ASE.

El segundo golpe es indirecto y llega a través de los productos fabricados por las empresas afectadas por el encarecimiento de sus procesos productivos, ya que acaban internalizando el coste del CO2 y el propio gasto que les supone un aumento de su factura energética. Sin ir más lejos, el IPC se disparó al 2,2% el pasado mes de abril por los precios energéticos, ya que la economía sigue en recesión y el consumo apenas se ha reactivado.

FRENO EN LA RECUPERACIÓN

En este sentido, el brusco encarecimiento de precios del CO2 se posiciona como una amenaza a corto plazo para la recuperación económica. La cuestión es: ¿Hasta qué nivel de precios puede llegar a subir? "Las últimas previsiones, publicadas a principios de abril por Carbon Pulse, estiman que el derecho podría promediar por encima de los 41 euros por tonelada hasta el final del 2021, llegando a tocar o acercarse a los 100 euros antes del final de la década", explican Iker Larrea y Eric Bernard, de Factor. "Nadie lo sabe, pero el mercado asume que seguirá subiendo y que en 2021 alcanzará y se mantendrá por encima de los 50 euros por tonelada. Probablemente, en el medio plazo su precio se establecerá mucho más alto", añade Martínez, del grupo ASE.

Este analista cree que el mercado funciona correctamente porque da una señal de precio efectiva sobre el coste que conlleva contaminar, que es para lo que realmente fue creado. En todo caso, recuerda que la UE podría intervenir si considera que el precio se ha descontrolado por una "excesiva especulación" que va más allá de otorgar liquidez y flexibilidad al mercado, aunque en su opinión aún estamos lejos de esto.

Sin embargo, Romeo avisa del impacto colateral que puede tener este calentón del mercado sobre la industria en un momento de fragilidad económica como el actual. "El precio ahora mismo está disparado y ha generado problemas a los grupos industriales. Que un coste se duplique es muy difícil de soportar por un presupuesto, y paradójicamente podría derivar en que la empresa está más enfocada en sobrevivir que en invertir en tecnología y renovables para reducir sus emisiones", enfatiza.

Fuente: Sostenibles

Noticias Externas

Noticias Internas